La Formación para la democracia,
gran desafío de todas las sociedades, trasciende las fronteras locales,
nacionales e internacionales, y desdibuja asimismo las fronteras entre el aula
y el mundo. El proceso educativo se prolonga fuera de la escuela con experiencias
de aprendizaje cotidianas y estableciendo vínculos entre los contenidos
escolares y la vida pedagógica de las personas.
La consolidación y el desarrollo de
la democracia dependen no sólo del conocimiento de los valores democráticos,
sino también y de manera decisiva del aprendizaje y puesta en práctica de los
mismos. Inculcar a la vez el ideal y la práctica de la democracia, así como
revertir el desafecto creciente de los ciudadanos por los asuntos públicos,
representa un desafío tanto para el sistema político como para el sistema
educativo nacional.
Si bien este tema demanda la
concurrencia de diversas disciplinas y su exploración desde distintos ángulos o
puntos de vista, dada su amplitud y complejidad comprende dimensiones generales
que se constituyen en fértiles puntos de partida para tratar acerca de la
Formación para la democracia. Entre estos ejes analíticos que animan la
reflexión se incluyen la perspectiva de género, la educación cívica y las
políticas públicas.
Programa que apoya la formación de
dirigentes/as sociales en la formulación de proyectos, para el desarrollo
comunitario y el mejoramiento de la calidad de vida; para reforzar capacidades
de interlocución y participación en los espacios locales. En el apoyo a las
organizaciones sociales, se enfatiza la perspectiva de género.
Actualmente,
este programa centra sus esfuerzos en la creación de oportunidades para el
encuentro, la formación y articulación de organizaciones sociales y
profesionales que trabajan en el ámbito comunitario, con el objeto de que éstas
puedan aportar en la reflexión y el desarrollo de acciones que favorezcan las
dinámicas de integración, participación y democratización en el ámbito
comunitario local.